Podríamos figurar al “Hijo del Sol”, como
el “Hegemón” del ego seminal Andino, pues es el primer hijo de korichallwa y el primer parto de
Pachamama. Este es un principio informal que rige a los seres de las cuatro
regiones del territorio, dominando a todos de una vez y para siempre mediante
la entrega dadivosa de una forma personal particularizada; su dominio es el
dominio de la vocación, cada uno de los seres en su reinado hace lo que le
corresponde, porque él es la razón y por consiguiente unifica a todos a través
de la vida. Si se considera al korichallwa como la personalidad cultural
que brilla en el centro de las cosas, el
Inka es la forma particular de
las etnias y los individuos que las conforman, es la ligazón, el lenguaje común
en la singularidad de los pueblos, o incluso, más generalmente todavía, de todos
los seres contenidos en sus territorios, sean estos corpóreos o no-corpóreos, individuales o no-individuales, y, por encima de éstos, al Apu mismo. Por ello, conviene aclarar
que no seria posible la
Identidad Cultural de los pueblos Andinos sin la posibilidad
del Inka. Ya que es por él, en su virtud unificadora, como Pachacamac se hace Fuerza
en nosotros, es decir, que el Inka es ese punto de encuentro que realiza la vida
normal de los seres.
Por otra parte, es importante decir que el Inka al ser señor del mundo, se le reconoce también como el
“Amaru” en sus dos formas concebidas: el destructor, conservador (Valera y
otros: 2009). Es en virtud de este doble atributo, como se concibe su papel de intermediario
entre la personalidad cultural y la individualidad grupal, la vida y la muerte;
como también entre los mundos Hanan Pacha y Ukhupacha, por lo que, se puede le considerar
siendo Dios y Ancestro a la vez.
En resumen diremos que el Inka es la razón del nacimiento del ego seminal
andino, en que se sustenta la pasión y la querencia propia de una Raza.
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