miércoles, 18 de enero de 2012

APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LA IDENTIDAD CULTURAL



El presente artículo se propone hacer una aproximación hermenéutica en la definición de identidad cultural, desde perspectivas propias de la antropología filosófica, en base a tres puntos: la noción de cultura, la naturaleza de la personalidad cultural y la condición regional de las identidades étnicas. Estos tres puntos desarrollan el estudio de la naturaleza de las relaciones del Ser con el medio en el que vive, sustentando la tesis de que el hombre es lo que se expresa en las influencias que constituyen el medio ambiente todo entero, a diferencia en cierto modo a lo postulado por Anderson(1993) quien concibe a la identidad como surgiendo en base a comunidades imaginadas como una construcción ideológica y colectiva.
Para esto nos basamos en la afirmación de la doble naturaleza de la cultura: personal en cuanto interior, y paisajista en cuanto a lo exterior, apercibiendo la complejidad a tomar en cuenta en el estudio de la identidad cultural.

Palabras clave: Cultura, herencia, identidad, personalidad.

La naturaleza de la cultura

Para empezar es necesario primero que distingamos dos elementos constitutivos en la conformación de la naturaleza individual1 humana. Un ser cualquiera, esta conformado de dos modos: un modo inmortal, que expresa lo que un ser es en sí mismo como fuerza potencial del porvenir, y que representa el lado espacial, germinal, interior y masculino, y después, secundariamente, la masa o el conjunto de las influencias del medio ambiente por las cuales se expresa el ser que vive, que representan su lado temporal, exterior y femenino. (Churata 2011).
La vida de los hombres es determinada por la acción del primero de estos dos elementos sobre el segundo. Esta apreciación excluye distinguir, a diferencia de Kant, una distancia entre el objeto del sujeto, apercibiendo mas bien un ser vivo integral donde es imposible excluir el sí mismo de ego del nosotros. Podemos representar los dos aspectos de la naturaleza humana individual imaginando la aparición espiraliforme de un movimiento doble, emergente y expansivo que representa la personalidad humana como primer aspecto de la naturaleza donde el carácter continuo liga en su desarrollo a todosnosotros en un phylum que da razón telúrica sobre las condiciones naturadas del uno expresado y evolucionado como cosas psicológicas y corpóreas.
En otros términos, se podría decir que es la personalidad, por su naturaleza propia, quien determina ella misma las condiciones de vida del hombre, bajo la reserva, bien entendido, de que esas condiciones ambientales no podrán ser en todo caso más que la especificación de la condición propia de la personalidad, puesto que su manifestación debe ser necesariamente un desarrollo de posibilidades contenidas en esta, a exclusión de las que pertenecen a otras.
Dicho esto, es evidente que el punto de unión entre los dos aspectos no es cualquiera, sino la especificación de un ser vivo actual, en este caso el hombre nacido en un área de influencia. Por consiguiente, es prudente decir que el hombre se expresa revistiéndose de elementos tomados al ambiente, y cuyo desarrollo esta determinado por la acción sobre el medio ambiente. Así diremos que el acto humano o cultura se configura a partir de la naturaleza interna del paisaje que actúa sobre sí de modo espontaneo. Así se concluye que la cultura corresponde al orden hereditario2.

La personalidad cultural

Es evidente que todos los seres humanos, son forzosamente la expresión de algo que pertenece a una naturaleza general y les sustenta como colectivo, es justamente a esto que llamaremos una personalidad cultural; así, una misma influencia exterior que se ejerza sobre varios hombres, producirá diversos puntos de vista, a manera de una suerte de traducción del alma que expresan, pudiéndose hablar de una conducta del hombre Andino, de un hombre Ibérico, etc.
Un ser individual humano es la expresión de una cierta personalidad cultural, tal como el hombre Andino por ejemplo; hay evidentemente en la naturaleza propia, algo que ha definido su nacimiento en este lugar en vez de algún otro sitio; y por esto, se encuentra sometido a las condiciones que expresa la definición misma del ser Andino (Kusch: 1999) y que estarán entre las condiciones especiales de su modo de vida, sus aspiraciones, sus juicios, es decir su Ethos en tanto sujeto.
Ahora bien, lo que es menester comprender, es que el individuo solo es actual en la personalidad de la cultura, o sea se está vivo en tanto se es Andino, el ser pertenece efectivamente a la personalidad en cuestión, y que, cualquier otra cultura, se le escapa enteramente, por esto la aculturación se hace absurda. En otros términos, la consideración de la Personalidad del hombre se aplica únicamente en la vida y hace imposible la inercia y la alineación sino por olvido, en el dominio del que tratamos todo es auténtico y está vivo porque está en su lugar.

La condición regional de las identidades étnicas

Para terminar estas consideraciones, diremos algunas palabras sobre la manera en que, según lo que precede, se puede considerar lo que se llama las personalidades regionales; y primeramente, conviene precisar que por ello no debe entenderse exclusivamente, y ni siquiera principalmente, las influencias telúricas de las localidades propias de cuyos nombres se sirven para designar identidades étnicas, aunque estas influencias, como las de todas las cosas, tengan sin duda también su propia realidad, sino que esos lugares representan, sobre todo simbólicamente, las posibilidades de realización de la individualidad del hombre, pues la individualidad está en relación con un conjunto definido de modos étnicos. Así, si las influencia territoriales parecen determinar lo que es el individuo, no obstante eso no es más que la apariencia; en el fondo, no le determinan, sino que solo le expresan, en razón de la equivalencia entre el individuo y su medio, y sin lo cual ese individuo no podría vivir.

La verdadera identidad no viene del territorio donde uno nace, sino del ser mismo, y los signos exteriores solo permiten discernirla, dándole en cierto modo una expresión anatómica y conductual del patrimonio cultural en que se vierte.
Estos tres puntos nos parecen importantes para comprender el papel de la antropología en el estudio de la identidad cultural, es decir, en suma, el estudio de la naturaleza de las relaciones del ser con el medio en el que vive, puesto que él es lo que se expresa en las influencias que constituyen el medio ambiente todo entero. Por ello no insistiremos más, ya que creemos haber dicho lo suficiente con respecto a la doble naturaleza de la cultura, personal en cuanto interior y paisajista en cuanto a lo exterior y la complejidad que se debe afrontar en su estudio.
Referencias:
[1] Según esta perspectiva la individualidad humana debe entenderse de manera integral, comprendiendo un alma ancestral que habita en el centro o sonqo, un alma viva situada simbólicamente en el cráneo y la modalidad corporal propiamente dicha que condensa la “emoción telúrica” y el conjunto orgánico como su parte más exterior.
[2] La «herencia», se podrá decir que incluye el aspecto fisiológico y psicológico de elementos tomados al medio ambiente, afirmamos esto con el cuidado de no caer en un determinismo geográfico, punto de vista que creemos se desarrolla a partir de una reducción que no concibe nada fuera del conjunto de los dominios corporal, excluyendo así toda posibilidad de una personalidad como principio transcendente mas allá de los individuos y colectivos.

Bibliografía

ANDERSON, Benedict: Comunidades Imaginadas reflexiones sobre el origen y el desarrollo del nacionalismo. Fondo de Cultura Económica, México 1993.
CHURATA, Gamaliel: El pez de oro. Retablos del Layqakuy. AFA, Lima 2011.
KUSCH, Rodolfo: América Profunda. Biblos, Buenos Aires 1999.

No hay comentarios:

Publicar un comentario