El presente artículo se propone
hacer una aproximación hermenéutica en la definición de identidad cultural,
desde perspectivas propias de la antropología filosófica, en base a tres
puntos: la noción de cultura, la naturaleza de la personalidad cultural y la
condición regional de las identidades étnicas. Estos tres puntos desarrollan el
estudio de la naturaleza de las relaciones del Ser con el medio en el que vive,
sustentando la tesis de que el hombre es lo que se expresa en las influencias
que constituyen el medio ambiente todo entero, a diferencia en cierto modo a lo
postulado por Anderson(1993) quien concibe a la identidad como surgiendo en
base a comunidades imaginadas como una construcción ideológica y colectiva.
Para esto nos basamos en la
afirmación de la doble naturaleza de la cultura: personal en cuanto interior, y
paisajista en cuanto a lo exterior, apercibiendo la complejidad a tomar en
cuenta en el estudio de la identidad cultural.
Palabras clave: Cultura, herencia,
identidad, personalidad.
La naturaleza de la cultura
Para empezar es necesario primero
que distingamos dos elementos constitutivos en la conformación de la naturaleza
individual1 humana. Un ser cualquiera, esta conformado de dos modos:
un modo inmortal, que expresa lo que un ser es en sí mismo como fuerza
potencial del porvenir, y que representa el lado espacial, germinal, interior y
masculino, y después, secundariamente, la masa o el conjunto de las influencias
del medio ambiente por las cuales se expresa el ser que vive, que representan
su lado temporal, exterior y femenino. (Churata 2011).
La vida de los hombres es
determinada por la acción del primero de estos dos elementos sobre el segundo.
Esta apreciación excluye distinguir, a diferencia de Kant, una distancia entre
el objeto del sujeto, apercibiendo mas bien un ser vivo integral donde es
imposible excluir el sí mismo de ego del nosotros. Podemos representar los dos
aspectos de la naturaleza humana individual imaginando la aparición
espiraliforme de un movimiento doble, emergente y expansivo que representa la
personalidad humana como primer aspecto de la naturaleza donde el carácter
continuo liga en su desarrollo a todosnosotros en un phylum que da razón telúrica
sobre las condiciones naturadas del uno expresado y evolucionado como cosas
psicológicas y corpóreas.
En otros términos, se podría decir
que es la personalidad, por su naturaleza propia, quien determina ella misma
las condiciones de vida del hombre, bajo la reserva, bien entendido, de que
esas condiciones ambientales no podrán ser en todo caso más que la especificación
de la condición propia de la personalidad, puesto que su manifestación debe ser
necesariamente un desarrollo de posibilidades contenidas en esta, a exclusión
de las que pertenecen a otras.
Dicho esto, es evidente que el
punto de unión entre los dos aspectos no es cualquiera, sino la especificación
de un ser vivo actual, en este caso el hombre nacido en un área de influencia.
Por consiguiente, es prudente decir que el hombre se expresa revistiéndose de
elementos tomados al ambiente, y cuyo desarrollo esta determinado por la acción
sobre el medio ambiente. Así diremos que el acto humano o cultura se configura
a partir de la naturaleza interna del paisaje que actúa sobre sí de modo
espontaneo. Así se concluye que la cultura corresponde al orden hereditario2.
La personalidad cultural
Es evidente que todos los seres
humanos, son forzosamente la expresión de algo que pertenece a una naturaleza
general y les sustenta como colectivo, es justamente a esto que llamaremos una
personalidad cultural; así, una misma influencia exterior que se ejerza sobre
varios hombres, producirá diversos puntos de vista, a manera de una suerte de
traducción del alma que expresan, pudiéndose hablar de una conducta del hombre
Andino, de un hombre Ibérico, etc.
Un ser individual humano es la
expresión de una cierta personalidad cultural, tal como el hombre Andino por
ejemplo; hay evidentemente en la naturaleza propia, algo que ha definido su
nacimiento en este lugar en vez de algún otro sitio; y por esto, se encuentra
sometido a las condiciones que expresa la definición misma del ser Andino
(Kusch: 1999) y que estarán entre las condiciones especiales de su modo de
vida, sus aspiraciones, sus juicios, es decir su Ethos en tanto sujeto.
Ahora bien, lo que es menester
comprender, es que el individuo solo es actual en la personalidad de la
cultura, o sea se está vivo en tanto se es Andino, el ser pertenece
efectivamente a la personalidad en cuestión, y que, cualquier otra cultura, se
le escapa enteramente, por esto la aculturación se hace absurda. En otros
términos, la consideración de la Personalidad del hombre se aplica únicamente en
la vida y hace imposible la inercia y la alineación sino por olvido, en el
dominio del que tratamos todo es auténtico y está vivo porque está en su lugar.
La condición regional de las
identidades étnicas
Para terminar estas
consideraciones, diremos algunas palabras sobre la manera en que, según lo que
precede, se puede considerar lo que se llama las personalidades regionales; y
primeramente, conviene precisar que por ello no debe entenderse exclusivamente,
y ni siquiera principalmente, las influencias telúricas de las localidades
propias de cuyos nombres se sirven para designar identidades étnicas, aunque
estas influencias, como las de todas las cosas, tengan sin duda también su
propia realidad, sino que esos lugares representan, sobre todo simbólicamente,
las posibilidades de realización de la individualidad del hombre, pues la
individualidad está en relación con un conjunto definido de modos étnicos. Así,
si las influencia territoriales parecen determinar lo que es el individuo, no
obstante eso no es más que la apariencia; en el fondo, no le determinan, sino
que solo le expresan, en razón de la equivalencia entre el individuo y su
medio, y sin lo cual ese individuo no podría vivir.
La verdadera identidad no viene
del territorio donde uno nace, sino del ser mismo, y los signos exteriores solo
permiten discernirla, dándole en cierto modo una expresión anatómica y
conductual del patrimonio cultural en que se vierte.
Estos tres puntos nos parecen
importantes para comprender el papel de la antropología en el estudio de la
identidad cultural, es decir, en suma, el estudio de la naturaleza de las
relaciones del ser con el medio en el que vive, puesto que él es lo que se
expresa en las influencias que constituyen el medio ambiente todo entero. Por
ello no insistiremos más, ya que creemos haber dicho lo suficiente con respecto
a la doble naturaleza de la cultura, personal en cuanto interior y paisajista
en cuanto a lo exterior y la complejidad que se debe afrontar en su estudio.
Referencias:
[1] Según esta perspectiva la
individualidad humana debe entenderse de manera integral, comprendiendo un alma
ancestral que habita en el centro o sonqo,
un alma viva situada simbólicamente en el cráneo y la modalidad corporal
propiamente dicha que condensa la “emoción telúrica” y el conjunto orgánico
como su parte más exterior.
[2] La «herencia», se podrá decir
que incluye el aspecto fisiológico y psicológico de elementos tomados al medio
ambiente, afirmamos esto con el cuidado de no caer en un determinismo
geográfico, punto de vista que creemos se desarrolla a partir de una reducción
que no concibe nada fuera del conjunto de los dominios corporal, excluyendo así
toda posibilidad de una personalidad como principio transcendente mas allá de
los individuos y colectivos.
Bibliografía
ANDERSON, Benedict: Comunidades Imaginadas reflexiones sobre el origen y el
desarrollo del nacionalismo. Fondo de Cultura Económica, México
1993.
CHURATA, Gamaliel: El pez de oro. Retablos del Layqakuy. AFA, Lima
2011.
KUSCH, Rodolfo: América
Profunda. Biblos, Buenos Aires 1999.
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