Con la obra de Churata hemos visto
evidenciarse el vigor y el fundamento de una forma tradicional que por algunas
centurias se la tomo como en proceso de descomposición necrótica; en el “Pez de
Oro” esta el numen de una tradición matriarcal que es la base de lo Andino hoy,
de ello se nota la vigencia que se contiene en ciertas palabras y símbolos
actualmente, tal es el caso de la palabra “Ahayu o Ayllu”, que en su traducción
al castellano (Bertonio y Holguín) hace mención a los conceptos de familia,
pueblo, nación en que se incluye territorio y lazos sociales; en resumen esta
palabra es comprendida como una categoría general que explica la naturaleza
social de un territorio. Pero la exploración de esta palabra, según el ilustre
escritor, va más allá; o mejor dicho, más acá, y comprende la forma misma
de los seres sutiles, hombres y animales
que habitan un territorio, como hijos de una misma madre: el agua.
Para el presente
artículo, “Ahayu” será entendido bajo la condición del paisaje de los sueños,
es decir, como una noción mágica e imaginativa que se proyecta sobre el
exterior a manera de un concepto dramático. Ya que es justamente este ámbito:
el drama y lo telúrico del Ukhupacha, el estado correspondiente al panteón
preincaico de los Mallkis, Huancas, Aukis
y Apus, entre otros.
Los sueños en los
Andes están asociados a la proyección del principio acuático divino sobre el
principio calórico imaginativo, cuya sede está en el estado de sueño, es aquí
justamente donde se amarra el porvenir y donde se recrea al mundo dominado por
la manifestación sutil de los entes tutelares. En este estado, se hace posible
la concepción benéfica del rito y es donde subsiste potencialmente su eficacia.
El Ahayu es una
fuente común, un soporte y un fin de los seres nacidos en un territorio, y por
esto reside en la forma sutil de los seres, siendo la semilla de las almas en
que está extendido de una manera indivisa, a la manera de un tejido calórico
difuso o “Animu”; por esto el fuego, la grasa y la sangre son considerados como
su representación. No olvidemos que es justamente el fogón (Phuytu) de una
vivienda, la que permite el establecimiento y la unión de la familia, en él se
muestran el augurio y la protección de los ancestros, y también está en
relación al espacio donde duermen (Phuñu) todos los miembros; esto ultimo nos
muestra muy de cerca la concepción Andina de la vida como un «conjunto
sintético» de la naturaleza, en relación al sueño y al calor, ambos definidos
por la partícula Phu, la cual creemos procedente de un raíz común .
Al igual que el
soplo aviva el fuego del phuytu, El
Ahayu para manifestarse como vida necesita del soplo divino de la “gran madre
laguna”. Pero en el paisaje del sueño, él tiene su propia forma de la cual se
produce el mundo en un solo acto de sacrificio, para dar estabilidad suficiente
en las necesidades de la vida cotidiana.
En razón de su naturaleza del Ahayu,
dentro del paisaje de los sueños, esta contingencia podría designarse
fácilmente como un mundo ideal, pero para definirle es necesario antes distinguir
la ontología platónica de la Ontogenia Churatana a fin de reconocer el modo de
cosmovisión Andino, distinta a la Griega. En
el dominio platónico el fundamento del Ser es diferente a su escencia la cual es
trascendente a la manifestación, siendo la vida medida mediante el “Theion” o
principio divino. En el dominio Churatano el fundamento del Ser está en su esencia
por lo cual la manifestación es a su vez el principio; desde aquí diremos que
el Ahayu es el alma viva del universo que esta en la muerte; es la idea
revestida de forma celular, es la semilla de fuego, el huevo de pato de la
tradición oral (Morote Best, 1988), a partir del cual se
desarrolla toda forma sobre las aguas.