Abstract
La narración de Wiraqocha
se halla difundida con diversas denominaciones, en varias partes del territorio
andino, principalmente en la región Sur, en el presente articulo ensayaremos
una aproximación de la naturaleza de este mito, lo que a su vez insinuará la existencia
de una tradición unitaria que explica una especial filiación.
En su derivación
etimológica, el nombre Wiraqocha, puede relacionarse a la idea
de extensión y a la vez de principio emergente del cosmos, es una noción
paradigmática, que a diferencia de la doctrina trascendente del cristianismo, ve
en el efecto la causa principal del mundo.
En su modo más
amplio, este símbolo contiene la idea Ser y No-Ser, en lo que Gamaliel Churata
llama lo “Ultraorbicista”, considerando un desarrollo completo del mundo en
dirección continua que liga los estados de indiferenciacion suprema del NO con
la no manifestación y la manifestación, y bajo un aspecto especial, cifra la Ontgenia andina que une a
los vivos con los antepasados en una cadena tradicional. No olvidemos que la
teurgia incaica, consideraba dentro de sus artes, el tejido en base a
utensilios textiles de los ancestros. De aquí también es clara relación que
podemos hacer con la afirmación de Imbelloni sobre un probable totemismo andino,
donde los dioses son a la vez progenitores de una determinada nación,
denominándoseles “papitos” y “mamitas”. La
civilización andina, define la hierofania en términos del antepasado, es decir ven
la divinidad expresada de modo concreto en el estado liminal de quien pasa a
ser origen del estado vital, en que el
muerto se hace semilla de los vivos. La andina es una civilización de lo más
exterior de todos los posibles concebidos, y comparte parentela con muchas regiones
de África y del Pacifico Sur.
El rito aquí sin
ser naturalista se refiere al concreto mundo corporal, donde un lugar particular
puede tomarse como símbolo de padre o madre de todo el conjunto de la
manifestación universal, de la cual es uno pariente, a diferencia de los
pueblos Nórdicos, en los Andes el territorio
es la base y el punto de partida obligado de toda identidad o realización personal,
en un simbolismo que efectúa las transposiciones convenientes entre el Estar es
Ser.
La idea del
cultivo de la sangre que se practica en los Andes hasta hoy, donde cada quien debe
“cruzar las piernas” con su complemento, es decir del mismo territorio, pero de
espacios diversificados. Puede servirnos también para entender lo que deriva de
la idea de Wiraqocha como un principio
territorial; constituyendo un cuerpo y a la vez su fuerza identitaria de los
pueblos de la región Sur, es decir del Qollasuyo, por esto creemos que la
difusión del mito de Wiraqocha, tiene
que ver con la expansión de un determinado pueblo en algún momento del devenir
proto-histórico, posiblemente relacionado con ciertos pueblos de pescadores que
se reparten heterogéneamente desde la región de Pachacamac hasta el basto
altiplano.
Finalmente, bajo
otro punto de vista, que corrobora por lo demás el precedente, Wiraqocha esta asociado al «genio de las
especies», como conteniendo a toda multiplicidad en su emergencia plena; al ser
concebido común a todos los pueblos, se deduce que cualesquiera que haya sido la
nación dueña de este patrimonio, al momento de expandirse, sin duda debieron
tener una política de adopción antes que de sometimiento, que según Churata
pudo ser conservada en el pueblo Inka, quienes no aniquilaban, sino mas bien se
dejaban absorber hasta hacer de las etnias vencidas sus representantes
categóricos.
Por lo que acaba
de decirse, se puede comprender que es innecesario pretender hacer del
Tahuantinsuyo algo más que un territorio unificado al estilo de los estados
modernos, menos aún pretender hacer de Wiraqocha un dios imperial y general.
Pues los pueblos en los Andes son susceptibles de desarrollarse muy
particularmente, sin perder por ello la noción de unidad que les forma como una
tradición propia.
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